Huérfano de palabras
2009 debería ser el año para volver a escribir. Cada vez me cuesta más enriquecer mi lenguaje. Diría, más bien, que se está empobreciendo.
No es que falten palabras, no. Es que no las encuentro. No las descubro. No las uso. Y, cuando las desempolvo, me parecen anticuadas, vacías de sentido, inconexas. ¿Estoy desencantado de ellas? ¿Cuándo se produjo el divorcio, la pelea? No lo sé.
Sé que empecé a decir algunas pocas cosas con otro lenguaje, el de las fotografías. Sentí que podía expresar mucho más con una simple toma y su correspondiente título. Así fue, así es… ¿Así seguirá siendo? Seguro que sí.
Pero me gustaría recomponer mi relación con la vieja escritura. Darnos otra oportunidad. Redescubrirla. Volver a contar algunas cosas para esos pocos que andan por ahí, esperando algo… ¿de mí?
En estas épocas de inmediatez, donde pareciera que todo debe reducirse a 140 carácteres o se considera obsoleto, voy a resistir. Con determinación. Con largas parrafadas. Con palabras completas, no amputadas. Con frases que tengan esa musicalidad que supo enseñarme la lectura e idolatría del gran Cortázar, sí señor. Con esos giros pintorescos de Moebius, ¿te acordás? Sí, a vos te digo, entidad llamada “lector”.
¿Qué hacés ahí afuera? Entrá, ponete cómodo. Hay mucho blanco, mucha luz, mucha pared que decorar con garabatos y puntos y corchetes y comas y dos puntos y alfabeto uno dos tres, así, un poco más o menos como antes que no podías respirar entre tanto frenesí de aventuras grafológicas dando vueltas por tu cabeza mientras yo buscaba decir algo sin decir nada en el fondo, hasta que enconmtraba el lugar exacto para darte este
Punto, por hoy. =)
¿A que extrañaban esto, eh? Yo sí. Mucho.


